Nuestra Historia

El obispo Valdespino fue un gran devoto de la Santísima Virgen María y, desde Barcelona, España hizo llegar al puerto de Veracruz la imagen de la Virgen de la Asunción, siendo la señora María Amparo E. De Corral (esposa vicepresidente de la República, don Ramón Corral) la enviada especial para recibirla en la Cd. De México y acompañarla hasta tierra sonorense. Así, el 22 de abril de 1905 se coloca y se bendice la imagen nombrándola Patrona de la Catedral de Hermosillo.

Por fin uno de los anhelos del Prelado sonorense se había realizado: “La Patrona de la diócesis cuenta con un bello monumento donde colocará su hermosísima imagen, patrocinará todos los cristianos deseos de los hijos de esta bendita tierra. El sábado de Gloria, como ha sido esperada con verdadera ansia la bendición de Nuestra Señora de Hermosillo, solemnidad inusitada en esta ciudad, donde la piedad se consolida en la mujer cada día más” (Tomado del Hogar Católico. Artículo 22 de Abril de 1905).

Para tan magno acontecimiento compuso el hermoso poema “A la encantadora imagen de Nuestra Señora de Hermosillo en el día de su Bendición y colocación en Catedral”

Ceremonia de Bendición y colocación de la Patrona de Catedral

Era Sábado de Gloria de 1905, fecha tan esperada, día de la bendición de Nuestra Señora de Hermosillo.

“A los ocho de la mañana Catedral estaba henchida en sus tres naves ocupando la del centro las personas invitadas a apadrinar el acto, portando ellas un pequeño listón en forma de moño como distintivo. “ (Tomado de El Hogar Católico. Reseña de Sábado de Gloria. 22 de abril de 1905).

La encantadora imagen fue trasladada, totalmente cubierta, sobre los hombros de ocho vigorosos varones Soldados de Cristo. La concurrencia recordaba en aquellos momentos el suceso incomparable que conmemora la Iglesia: ”La resurrección del Salvador del mundo, que resucitó lleno de gloria y a María Inmaculada en la imagen adorable en el Misterio augusto de su asunción”.

La virgen iba cubierta y en breves instantes aparecería deslumbradora a la vista de todos. El dignísimo prelado sonorense, revestido de pontifical, esperó que el agua de Gloria estuviese bendita para rociar con ella la hermosísima escultura, lo que hizo conforme al rito eclesiástico. Para el efecto la imagen fue colocada en el altar mayor de la catedral; al entonarse el Gloria una lluvia de flores cayó sobre el presbiterio y el eco sonoro de los acordes del órgano, tocado magistralmente por el profesor Mendoza, y el alegre tañido de las campanas, la imagen adorable fue descubierta mostrando su celestial belleza y produciendo en los corazones un sentimiento de indefinible dulzura.